Muy ilustre madama, nuestra muy cara y muy amada Doña Rocio, vos enviamos mucho a saludar como aquella que mucho amamos y apreciamos y para quien querríamos Dios diese tanta vida, salud y honra como vos misma deseáis. Nuestro señor todos tiempos os haya en especial recomienda.
Hállome en gracia excelsa al contemplar a mi retorno de ultramar el efecto causado por mis palabras en tu persona, pero témome muy al contrario de tu lógica plegaria que me veré en el compromiso de incrementar ensortijadamente el vocabulario de mi glosa, en tanto en cuanto no repares la mofa y el escarnio hecho en mi persona de suerte injusto y malintencionado que supongo no persigue otra cosa que desterrar mi cuasi invulnerable autoestima al primer acto que el ínclito Dante Alhiguieri en su inigualable Divina comedia, tuvo a bien llamar infierno.
Vuestro muy humilde y devoto admirador, beso vuestros pies y vuestras santas manos y muy sencillamente nos encomendamos a su Santidad la cual plega y de que nos recibiremos singular gracia y beneficio.
Alejandro P. XD
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